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21/04/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
¿Año 2015? Damos por ciertas muchas cosas que ni siquiera lo son, o que, por lo menos, son dudosas, o como mínimo, interpretables. Nos cuesta dudar o por lo menos, cuestionarnos las cosas.  Sin ir más lejos, ni siquiera existe la certeza de que vivamos en 2015. De hecho, los historiadores ya nos han enseñado que con los datos históricos que resultan de los Evangelios (Jesús nació durante el reinado de Herodes “El Grande”) y el error cometido por Dionisio “El Exiguo” al elaborar el calendario cristiano (situando el año del nacimiento del Mesías en fecha posterior al fallecimiento del monarca), es muy probable, que  el año 2015 en que estamos, sea como mínimo, el año 2019. Es cierto que el error fue advertido pero se dejó pasar la cosa, por los numerosos problemas que suponía intentar arreglar el desaguisado cuando ya se estaba en plena Edad Media . Así que, ¿2015 ó 2019?

Y al igual que nos cuesta cuestionarnos el año en que vivimos, en Derecho también cuesta cuestionarse ciertos principios jurídicos y sus efectos.

En la sección “notas” de mi web publiqué hace unos meses un comentario sobre las cláusulas suelo, relativo a  los criterios empleados por el Tribunal Supremo en la conocida sentencia de 9 de mayo de 2013 para  determinar  cuándo una cláusula suelo es abusiva. La novedad surge ahora,  porque el Supremo ha fijado recientemente su doctrina (Sentencia del Pleno, Sala de lo Civil, de 25 de marzo de 2015) sobre los efectos prácticos que para los afectados por las cláusulas suelo tendrá la declaración judicial de nulidad de la cláusula. 

Con la declaración judicial de nulidad de una cláusula suelo el debate judicial ( que hasta la fecha contaba con pronunciamientos varios y contradictorios de las Audiencias provinciales) era el siguiente: ¿hay o no derecho a pedir la devolución de la totalidad de los intereses pagados al Banco por razón de la cláusula suelo desde la formalización del contrato? Lo cierto es que, con el código civil en la mano (art.1303) parecía que, en principio, la respuesta a la pregunta tenía que ser sí  (aunque como digo las Audiencias se pronunciaban en sentido diverso, y con consecuencias prácticas distintas).

Pero quienes nos dedicamos a esto, sabemos que el Derecho no es sólo la Ley. No basta con saber qué dice la Ley, hacen falta más datos e interpretarlos.  Y así, el Tribunal Supremo ha venido a señalar que tampoco basta con acudir, sin más, a la regla general de eficacia retroactiva de las declaraciones de nulidad. En definitiva, que existen limitaciones a dicha retroactividad, que son: la seguridad jurídica, la buena fe de los círculos interesados y el riesgo de trastornos graves. De todo esto hablaré en una nota, más técnica, que espero publicar sobre esta novedosa sentencia en la página web.

Lo que sí debe quedar claro es que el Tribunal Supremo con esta sentencia, zanja las interpretaciones dispares de las Audiencias, y fija como doctrina que, cuando se declare abusiva y nula una cláusula suelo inserta en un contrato de préstamo con tipo de interés variable, procederá la restitución al prestatario de los intereses que hubiese pagado en aplicación de dicha cláusula a partir de la fecha de publicación de la sentencia de 9 de mayo de 2013.

Lo anterior tendrá consecuencias prácticas evidentes para las partes afectadas. Porque no es lo mismo que a un prestatario le devuelvan todas las cantidades abonadas en concepto de intereses en aplicación de la cláusula suelo calculados desde la firma del contrato que calculados desde la fecha de publicación de la sentencia de 9 de mayo de 2013.

Y en lo que se refiere a los profesionales del Derecho, está claro que el  artículo 1303 del código civil tendremos que analizarlo y ( re) estudiarlo desde una óptica nueva.Sin duda, su análisis nos planteará más de un interrogante.


Hasta el próximo día.






 



¿AÑO 2015? ¿ARTÍCULO 1303 DEL CÓDIGO CIVIL?
30/03/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Cuando empecé a barruntar la idea de hacer un blog tenía claro que quería que fuese de Derecho, pero no sólo de Derecho. Y es que, si algo no comparto, es la opinión de que un blog profesional debe limitarse a ofrecer contenidos profesionales, que en mi caso, por tanto, tendrían que ser solamente jurídicos.

No es que piense así, es que pienso precisamente lo contrario. Creo que en mi profesión tan importante es el conocimiento y el estudio (constante) del Derecho como saber observar el mundo

Así que soy de la opinión de que en la abogacía hay Derecho, claro, pero también debe haber intuición, conocimiento de la vida y del comportamiento humano, y por supuesto mucha psicología. (Espero que no se me enfaden algunos amigos psicólogos. No hay en esto, por supuesto, invasión de competencias).

De ahí el tema de mi post de hoy, para mi blog (no sólo) de Derecho. “Stoner” es buena literatura. Tan es así, que el escritor Vila-Matas calificó la novela de “obra maestra ignorada” como pude leer hace poco en uno de sus artículos–ya de hace unos años- de su columna en el diario  "El País".

“Stoner” no tiene un argumento llamativo, en el sentido de que al personaje  (William Stoner) no le pasa nada extraordinario. Y eso es precisamente lo que convierte en extraordinaria la novela.

Es la historia vital de un profesor de literatura, que inicialmente iba a dedicarse a los estudios de agricultura, que después abandona. En realidad, es la historia de cualquiera: el aprendizaje continuo de las decepciones humanas, el efecto perverso que en una vida pueden tener los manipuladores con los que nos cruzamos en este mundo, o el coste personal presente y futuro de las decisiones pasadas. Y también una punzante lección sobre el final de la vida y la dignidad a la hora de afrontar la muerte.En definitiva, una obra maestra, cuya lectura os recomiendo.

Esa pregunta recurrente de su protagonista al final de la novela y de su vida, “ ¿qué esperabas?”, es un certero e inteligente resumen de los sueños y anhelos vitales del ser humano que, terminan muchas veces, con esa conmovedora certeza al saberse frustrados.

Así que con este post de referencia a la magistral novela de John Willians (que pienso releer por aquel sabio consejo de Benjamin Franklin, lee mucho pero pocos libros) termino por hoy, con una foto tan azul como este lunes, que luce, sí, azul y soleado.

Hasta el próximo día. ( Y por cierto, gracias por leerme. De verdad. Me sorprendéis positivamente). 

"STONER" Y LOS ABOGADOS OBSERVADORES
16/03/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Instrucciones de lectura del post: 

1.- Sustituya el término imputado por investigado, y trague el azucarillo.
2.- Sustituya el término acusado por encausado, y trague otro azucarillo.
3.- Si en realidad, usted piensa que no se trata de que las palabras suenen mejor o peor, sino de lo que significan realmente: por favor, escupa el azucarillo.

Si vas a seguir la instrucción de lectura nº3, entonces perteneces al grupo de los que prefiere llamar a las cosas por su nombre. Claro que puedes ser partidario del camino inverso,  que suele emplear con relativa frecuencia el eufemismo. Eufemismos los hay a montones, más o menos azucarados, más o menos acertados. Yo misma fui alumna de aquella moda educativa, que sustituyó por un tiempo el suspenso por el “necesita mejorar”, y que reunía el aprobado, el bien, el notable y el sobresaliente en el “progresa adecuadamente”. No hubo lección educativa más gráfica del eufemismo y sus aciertos y desaciertos, que aquella palabrería fugaz.

¿ Y esto de la literalidad de las palabras a qué viene? Pues viene a propósito del Proyecto de ley orgánica que modifica la Ley de enjuiciamiento criminal para el fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de investigación tecnológica.

El prelegislador pretende el cambio del término "imputado" por "investigado" y "acusado" por "encausado". Y el cambio terminológico lo justifica señalando que:  “En la actualidad, el término imputado remite a una figura con un señalado carácter negativo, a pesar de que en realidad el proceso aún no se ha dirigido formalmente contra él. La sustitución del término imputado por investigado durante la fase de instrucción y por encausado tras el auto formal de acusación aclarará el momento procesal exacto en el que nos encontramos y permitirá darle a cada uno de ellos el sentido real que tienen”.

Esta abogada bloguera, o sea yo, no acaba de ver que la nueva terminología sea más clara. Entiendo - y por supuesto que comparto también - que el prelegislador quiera que se respete totalmente la presunción de inocencia de todo imputado o acusado,  evitando los indeseables " juicios paralelos". Pero eso es una cosa y otra distinta pretender lograrlo con un mero cambio de terminología.

¿ Cambiará algo por el hecho de que el " imputado" pase a llamarse "investigado"? ¿Cambiará la percepción negativa que pueda tener la sociedad de ello?  ¿La percepción o impresión que se tiene de algo o alguien es una cuestión de terminología?

Si la persona contra quien se dirige la acusación se llama acusado –término actual- , nunca imaginé que llegaría a leer que será más clara y exacta la expresión "encausado".

A los lectores de la instrucción nº3: ¡ por favor, escupan el azucarillo!) .
 
POR FAVOR, ESCUPA EL AZUCARILLO
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