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22/09/2016
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO
                                                                         

                      “… Nos cansamos de oír mentir a la gente, y tras un cierto tiempo, morimos…”

                (Fragmento del alegato final en juicio del abogado Frank Galvin. Película “Veredicto Final”.)




Imaginemos.

Se llama Catalina. Es abogada. Y detesta cualquier abreviatura de su nombre.

Sobre la mesa de su despacho reposan, con aparente desorden, varias leyes.

Escucha con atención a su cliente. Comentan la posibilidad de proponer la declaración de varios testigos en juicio.

Entre las páginas de un ejemplar de la "Ley de enjuiciamiento civil",  en la sección dedicada al interrogatorio de testigos, varias notas escritas. A lápiz.

Notas escritas por ella para no olvidar. Que la vida siempre va varios pasos por delante del Derecho

Una frase del "Libro del desasosiego" de Pessoa escrita en un pequeño espacio en blanco, entre dos artículos de la ley. “Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.

El punto de vista. Su importancia en la percepción de la realidad.

También la famosa frase de la película “Veredicto Final”. Esa lección magistral del cine sobre la prueba testifical. La regla no escrita, y básica de todo interrogatorio. “No hagas una pregunta sin conocer la respuesta”.

Paul Newman en el papel protagonista de abogado. Alcohólico. Perdedor. Idealista. (“¡Vamos Frank, despierta!”).

Mirada de cine que rebota constantemente en la pantalla. Mirada fastidiosa. Sí. Que hace perder, en algún momento, el hilo de la historia. Distrae.

La abogada escucha a su cliente con atención. Le hace preguntas.

Finalizada la conversación, ya ha decidido qué pruebas llevará a juicio.

Sobre su mesa, varias leyes. En casi todas, notas escritas a lápiz.

Son notas sobre la vida.

Notas escritas. Para no olvidar.



P.S.: El interrogatorio de testigos se regula en los artículos 360 a 381 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

UNA MIRADA DE CINE
14/09/2016
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO


Imaginemos. Es media mañana.

El sol de septiembre inunda de luz natural el aula. Alumnos de tercer curso, observan al nuevo profesor. Escribe en el encerado. 

Con letras puntiagudas y grandes. Un mensaje visible y legible.  Incluso para los alumnos condenados a sentarse en las últimas filas.

“ Claridad de pensamiento y simplicidad en el lenguaje”.

Y empieza la clase de Derecho. El profesor habla. Los alumnos un tanto perplejos por el mensaje del encerado, escuchan. Esperaban otra cosa.

“Se escribe… y se habla también… como se piensa. ¿Saben eso? (Silencio.Miradas esquivas).

Pero sabrán que Leonardo, sí me refiero a Leonardo da Vinci, - … sí ya sé que no fue jurista, fue un genio… - nos enseñó entre otras muchas cosas, que la simplicidad es la máxima sofisticación. (Silencio. Algunas miradas se centran en el profesor).

Por tanto, que nadie piense que la simplicidad en el lenguaje responde a un pensamiento simple por simplón. Al revés. (Silencio absoluto).

Quien logra la excelencia en el conocimiento de una ciencia - y el Derecho lo es - razona, analiza, interrelaciona, desecha, suprime, incorpora. Piensa. Y porque piensa con claridad, concluye y escribe. De forma certera, escueta, con precisión. 

Sin grandilocuencia, sin refinamiento estilístico. Sin margen para la vaguedad, la confusión, o la ambigüedad.

Es lo más difícil. La máxima sofisticación. (Silencio absoluto. Todas las miradas están fijas en el profesor).

Un lenguaje cuidado en la forma y en el fondo. El lenguaje que debe habitar en leyes, sentencias, y textos jurídicos.

Las leyes, sentencias, y textos jurídicos, que escribirán ustedes. Al salir. Por esa puerta. Para siempre”.


A continuación el profesor enumera los manuales recomendados para el estudio de su asignatura.  Un número indefinido de alumnos intenta recordar quién había sido da Vinci. Todos, sin excepción alguna, sorprendidos por la presentación, teclean apresuradamente en sus tabletas y portátiles.

Cada día, al empezar la clase, durante todo el curso, el profesor escribirá en el encerado. Con letras puntiagudas y grandes. Un mensaje visible y legible.

"Claridad de pensamiento y simplicidad en el lenguaje".

Hasta el próximo día.


(NOTA: En el Convenio de Colaboración suscrito entre el Consejo General del Poder Judicial y la Real Academia Española, de 26 de noviembre de 2014, -que mencioné en la entrada anterior- el Consejo General del Poder Judicial cita expresamente “la preocupación por la calidad del  lenguaje que utilizan los legisladores”, y añade además, su pretensión de que “el lenguaje de las leyes sea claro y sus mandatos ejecutables reduciendo las dudas interpretativas al máximo. Reconoce además que durante tiempo se descuidó o desatendió el lenguaje jurisprudencial, al señalar: “Sin embargo, el lenguaje de la jurisprudencia, que también es decisivo para la claridad e interpretación del Derecho, ha sido objeto tradicionalmente de menor atención").




 
LA MÁXIMA SOFISTICACIÓN
01/09/2016
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO
“Abril es el mes más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales (...)"
T.S.Eliot
.



Con la llegada de septiembre, recuerdo el primer verso de  “ La Tierra Baldía” de Eliot. Abril es el mes más cruel. Y es que septiembre también tiene un poco de abril. Septiembre es una primavera artificiosa con la que renacemos a la vida, a un nuevo curso, fijando nuevos objetivos, nuevas metas.

T.S.Eliot definió su genial poema como una queja contra la vida,  “un trozo de rítmico lamento”.

Una maravilla, desde luego.  Solo así puede calificarse esa certera contraposición entre las ansias que infunde la vida y el lamento que surge del desencanto creciente que va imponiendo, a su vez, la propia vida en su discurrir.

El famoso primer verso del poema de Eliot es escueto, certero, lúcido. Y además tiene belleza estética. Solo escribe así un genio. 

Genios y genialidades literarias aparte, escribir bien debe ser un objetivo primordial en todo ámbito y ciencia. Y por tanto, también en el mundo jurídico.

En línea con lo anterior, el Consejo General del Poder Judicial (C.G.P.J.) firmó el 26 de noviembre de 2014 un Convenio con la Real Academia Española (R.A.E.). En dicho Convenio, se señala como uno de los objetivos del Consejo General del Poder Judicial "mejorar la calidad expositiva y literaria de las resoluciones judiciales". Resultado de dicho Convenio es el Diccionario de español jurídico, presentado el pasado mes de abril. 

Seguramente la mejora cualitativa en la redacción de los textos sea un objetivo deseable, no solo en las resoluciones judiciales sino en todo texto jurídico. De ahí que en una próxima entrada, comentaré algunas cuestiones sobre el uso del lenguaje jurídico que me parecen interesantes a nivel práctico.

Y como se dice que escribir bien es pensar bien, preparad ahora que es septiembre la lista de sueños posibles. Yo dejaré también algún renglón, por pocos que sean, para los imposibles.

P.S.: La foto de hoy, uno de tantos atardeceres de agosto, en el paseo marítimo de Foz.


SEPTIEMBRE
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