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13/10/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Entre los inteligentes aforismos de Ramón Eder está aquél tan famoso y recordado con frecuencia los fines de semana de que, “el carácter se forja los domingos por la tarde”.

Como ayer fue domingo,  finalmente tuve un rato para ver uno de los episodios de una de mis series favoritas: “Silk”.

La serie es de abogados, con lo cual, viniendo esto de mí, comprendo que suene redundante. 

Si recomiendo la serie es porque es una buena forma, al margen de tramas y episodios, de entender –en líneas generales- el sistema judicial en los países anglosajones, donde tienen el papel protagonista los “barristers” (equivalentes en cierta medida a los abogados en nuestro sistema continental).

En el sistema anglosajón constituye un medio bastante usual de resolución de conflictos, en el ámbito extrajudicial (o sea, fuera de los juzgados): la mediación (mediation). En España contamos con una Ley (5/12) de mediación de asuntos civiles y mercantiles, que la define como “aquel medio de solución de controversias, cualquiera que sea su denominación en que dos ó más partes intentan voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo con la intervención de un mediador”.

Llegado el momento, trataré más sobre esta figura. Pero por el momento, cierro el post de hoy señalando que, pese a los intentos para su instauración como medio de solución de conflictos, no termina de calar en nuestro país.

Sin negar sus posibles ventajas en algunos ámbitos (empresarial, o determinadas cuestiones de derecho de familia), la mediación nos sigue sonando un tanto lejana. Una sensación tan lejana y extraña como la que tenemos, por ejemplo, cada vez que vemos a los  “barristers” con peluca.

En conclusión, da la impresión de que el camino de la media(t)ion a la me(d)iación será * largo y complicado. 


(La foto, para los nostálgicos. Una tarde de verano).


EL CAMINO* QUE LLEVA DE LA MEDIA(T)ION A LA MEDIA(C)IÓN.-
10/10/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Lunes 6:  El ébola desgraciadamente se convirtió en el centro informativo del día, y de la semana. 

Ahora que avanzan los días, y también las distintas informaciones del tema, conviene no desorientarse, y  prestar atención a todas las circunstancias y detalles. 

Entre otras cosas, porque ya se dice que una verdad a medias (y lo es aquélla que sesgadamente toma sólo unos datos, prescindiendo de otros) es una mentira.

Martes 7: Leímos en prensa que el Tribunal Supremo confirmó que el hijo del escritor Camilo José Cela, tiene derecho a la legítima de 2/3 de la herencia del Código civil, que no quedó cubierta con el controvertido cuadro que le había regalado su padre . (Precisamente en mi post ¿Hijos?, que publiqué en el blog el lunes 6, habíamos hablado de las legítimas de los hijos de la ley de derecho civil de Galicia).

Jueves 9: Leo en “La Voz de Galicia”  que el ministro de justicia confirma que no derogará la ley de tasas. ( En mi post  “La dimisión del ministro y la justicia según Ulpiano”, ya habíamos prestado atención a las palabras del ministro el día de su toma de posesión, y dudábamos - precisamente por las palabras que empleó- que la ley de tasas fuera a derogarse).

Cierro la entrada de hoy con una  reflexión inspirada en ese libro tan interesante como desconocido, que es el Eclesiastés: “Aquél que multiplica sus conocimientos, multiplica su dolor”.

Pese a que creo que lo anterior es cierto, en este blog nunca dejaremos de aprender. Por más que (a veces) haya dolor en ello, merece la pena.

(Y la foto de hoy, que elegí por darle un poco de color al post).

Hasta el próximo día.
ANOTACIONES DE LA SEMANA PARA OBSERVADORES
06/10/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
"Como no he tenido hijos, lo más importante que me ha sucedido en la vida, son mis muertos, y con ello me refiero a la muerte de mis seres queridos".

Con esta certera y demoledora frase empieza "La ridícula idea de no volver a verte" (Ed.Seix Barral), un libro de la escritora Rosa Montero, que creo  que merece incluirse en esa categoría especial de libros a la que se refirió Benjamin Franklin cuando recomendó: "Lee mucho, pero no muchos libros".

La cuestión de haber tenido (o no) hijos, precisamente es la que marca el estudio jurídico-legal del patrimonio de una persona al planificar su testamento.

La existencia de hijos, o en su defecto, otros descendientes directos (nietos, bisnietos, etc.)  implica la existencia de un límite legal al testar: la legítima de los descendientes .

El legislador gallego en 2006, redujo las legítimas de los descendientes, de forma que desde la entrada en vigor de la Ley 2/06 de derecho civil de Galicia, la legítima de dos tercios (2/3) de la herencia a favor de los descendientes(arts.808 y 818 del Código civil) quedó reducida a un cuarto (1/4) de la herencia, a la vez que varía su naturaleza (art.243 de la Ley 2/06). (Recalco que me refiero a herencias a las que es de aplicación el Derecho civil de Galicia).

Ahora bien, esta legítima de los descendientes más reducida, es de aplicación para aquellas sucesiones en las que la muerte del causante sea posterior a la entrada en vigor de dicha ley. (Si pensamos en fallecimientos anteriores a la entrada en vigor de la ley 2/06 de Derecho civil de Galicia, la legítima de los descendientes de  ¼ no se aplica, sino la de 2/3).

Detrás de esta opción legislativa está también una filosofía de vida que a raíz de una reciente sentencia del Tribunal Supremo de 3 de Junio de 2014 sobre la desheredación de los hijos por menosprecio y abandono familiar a los padres –de la que algún día hablaré en el blog- ha vuelto a poner de máxima actualidad la disyuntiva:

¿debería el testador – que ha tenido hijos- contar con plena y absoluta libertad para testar y dejar su patrimonio a quien quiera, o deben existir legítimas a favor de los descendientes?

Y vosotros, ¿qué opináis?

(La foto de hoy, un panel publicitario en Piccadilly Circus en Londres. Por cierto, en el Derecho inglés no hay legítimas).

Hasta el próximo día.






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