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06/10/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
"Como no he tenido hijos, lo más importante que me ha sucedido en la vida, son mis muertos, y con ello me refiero a la muerte de mis seres queridos".

Con esta certera y demoledora frase empieza "La ridícula idea de no volver a verte" (Ed.Seix Barral), un libro de la escritora Rosa Montero, que creo  que merece incluirse en esa categoría especial de libros a la que se refirió Benjamin Franklin cuando recomendó: "Lee mucho, pero no muchos libros".

La cuestión de haber tenido (o no) hijos, precisamente es la que marca el estudio jurídico-legal del patrimonio de una persona al planificar su testamento.

La existencia de hijos, o en su defecto, otros descendientes directos (nietos, bisnietos, etc.)  implica la existencia de un límite legal al testar: la legítima de los descendientes .

El legislador gallego en 2006, redujo las legítimas de los descendientes, de forma que desde la entrada en vigor de la Ley 2/06 de derecho civil de Galicia, la legítima de dos tercios (2/3) de la herencia a favor de los descendientes(arts.808 y 818 del Código civil) quedó reducida a un cuarto (1/4) de la herencia, a la vez que varía su naturaleza (art.243 de la Ley 2/06). (Recalco que me refiero a herencias a las que es de aplicación el Derecho civil de Galicia).

Ahora bien, esta legítima de los descendientes más reducida, es de aplicación para aquellas sucesiones en las que la muerte del causante sea posterior a la entrada en vigor de dicha ley. (Si pensamos en fallecimientos anteriores a la entrada en vigor de la ley 2/06 de Derecho civil de Galicia, la legítima de los descendientes de  ¼ no se aplica, sino la de 2/3).

Detrás de esta opción legislativa está también una filosofía de vida que a raíz de una reciente sentencia del Tribunal Supremo de 3 de Junio de 2014 sobre la desheredación de los hijos por menosprecio y abandono familiar a los padres –de la que algún día hablaré en el blog- ha vuelto a poner de máxima actualidad la disyuntiva:

¿debería el testador – que ha tenido hijos- contar con plena y absoluta libertad para testar y dejar su patrimonio a quien quiera, o deben existir legítimas a favor de los descendientes?

Y vosotros, ¿qué opináis?

(La foto de hoy, un panel publicitario en Piccadilly Circus en Londres. Por cierto, en el Derecho inglés no hay legítimas).

Hasta el próximo día.






HIJOS
02/10/2014
Más de un@ al leer el titular, pensará que voy un poco retrasada en esto de escribir sobre la dimisión del anterior ministro de justicia. Pero es que el exceso informativo tiene estas cosas: abruma, despista (como ya comentamos en el blog), y también provoca la tramposa sensación de que una semana en vez de 7 días tuviera 70.

Hoy es jueves 2 de octubre, y Gallardón anunció su dimisión el martes de la semana pasada, 23 de septiembre. No hace tanto tiempo.

También escribí ya, que este blog es (no sólo) de Derecho. Y podría añadir que me encantaría escribir para observadores inquietos, que miran el mundo con interés. (Sé que sois así).

Todo esto viene a cuento por varias cosas. Con la noticia de la dimisión del anterior ministro, no creo exagerar si digo que los profesionales del Derecho – y también muchos ciudadanos- coincidimos en la idea de que su paso por el ministerio bien pudiera titularse  “crónica del desastre”. Hasta ahí, bien. 

Pero yo no creo en los juicios excesivos - sino con mesura (*)-. Por eso  no acabo de creerme que la “crónica del desastre” tenga un solo autor; ni que el repertorio de iniciativas y propuestas en materia de justicia haya que atribuirlo en su totalidad al anterior ministro.

Sin ir más lejos, el anteproyecto de Ley orgánica del Poder Judicial, pasó el Consejo de ministros del 4 de abril de 2014. Anteproyecto que persigue una reforma copernicana del sistema judicial, pues entre otras cosas, supone la creación e implantación en las capitales de provincia de los novedosos tribunales provinciales de instancia . Digo lo anterior, porque el Consejo de ministros, como es obvio, no era sólo Gallardón.

Algunas columnas de opinión apuntan estos días que,  el cruce entre las reformas copernicanas que se pretendían en numerosos ámbitos de la justicia, la total y justificada oposición de todos los sectores profesionales vinculados a la justicia, y la proximidad de las citas electorales,  terminó formando un laberinto al que era difícil, por no decir imposible, encontrarle una salida. 

De modo, que visto el panorama, tengo la sensación de que (después de dos largos años) hubo quien pudo haberse dado cuenta de aquello que escribió Séneca: “A los que corren en un laberinto, su misma velocidad los confunde”.

Ahora tenemos nuevo ministro de Justicia, que el día de su toma de posesión, por cierto, citó como uno de sus objetivos el análisis y la mejora de la aplicación de la ley de tasas. (Y atención observadores: porque habló de mejora -y suena bien- pero  aplicación no es derogación).

Por eso quise escribir este post. Y es que, en mi condición de abogada, y también de ciudadana, no echaré de menos a Gallardón. Pero al ver lo ocurrido estos últimos días –  poco más de 7, aunque parezcan 70-, creo que es conveniente recordar la definición de Justicia, según Ulpiano.

(*) Justicia es dar a cada uno lo suyo.

Hasta el próximo día. 

(En la foto de hoy, una de las torres de la catedral de Mondoñedo. Ciudad maravillosa, reflejo de una parte muy significativa de la historia, la música, y la literatura de Galicia. Mondoñedo es un tesoro).



LA DIMISIÓN DEL MINISTRO Y LA JUSTICIA (SEGÚN ULPIANO)
29/09/2014
Ayer leí en "La Voz de Galicia" que en materia de tribus urbanas, los ya conocidos “hipsters” empiezan a mostrar signos de agotamiento, a favor de los “twees”. Al parecer, los seguidores de esta nueva tribu, son firmes defensores de la amabilidad y la tolerancia, como reacción a este mundo violento y cruel.

Oído así, suena bien. Pero sin ánimo de considerar a estos chicos unos ingenuos, hace siglos que sabemos que el hombre es un lobo para el hombre. Y a ver quién contradice a Hobbes.

Lo que sí tengo bastante claro, es que la juventud seguidora de estas tribus, por muy dispares que sean sus gustos, está unida por un hábito común: el uso de las nuevas tecnologías o TICs. Porque internet no hace tanto tiempo que llegó a nuestra vida, pero ya tenemos claro a estas alturas, que lo hizo para quedarse y para cambiar el mundo.

Donde no termina de llegar la revolución tecnológica del todo es, a la administración de justicia. Desde 2002 son varias las leyes, y los planes gubernamentales que lo han intentado. Una de esas leyes, es la Ley 18/2011 de 5 de julio, reguladora del uso de las tecnologías de la información y la comunicación en la administración de justicia. La ley nació con el objetivo, entre otros, de regular el uso de las nuevas tecnologías por parte de los ciudadanos y los profesionales del Derecho en sus relaciones con la Administración de Justicia.

Aunque algunas cosas sí se han conseguido, estamos aún a la espera de que el expediente judicial electrónico – sucesor de los actuales expedientes o “autos” en papel- se convierta en realidad. La presentación de los escritos de parte, de momento, tampoco se realiza por medios electrónicos. Y la comunicación por email desde luego no es un modo normalizado ni habitual en las comunicaciones del ciudadano con la administración.

Sea debido (o no) al hecho de que aún no se hayan implementado sistemas de identificación y firma electrónica, lo cierto es que, a este paso, los emergentes “twees” ya habrán pasado de moda, y aún estaremos a la espera de la efectiva y total implantación en la administración de justicia de los TICs.

Hasta el próximo día.

(En la foto, Demóstenes. Cicerón dijo de él que, había sido el orador perfecto. A tener en cuenta,  porque lo dijo Cicerón  y porque Demóstenes era tartamudo.)
TICs
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