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01/05/2017
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO
                                                                               

                                                                         
                                                                          Eligieron las penurias, los que siguieron a las estrellas en sus alas. Virgilio




                                                               
La distancia entre el sentimiento y el resentimiento la marca una sola sílaba.

Sílaba que transforma algo bueno en algo bastante peor. 

Detrás de no pocos conflictos aparece,  y da  la medida humana de las cosas. Aunque a decir verdad,  el mundo siempre ha sido así.

Ni cuando imaginábamos héroes, ellos se salvaban. El héroe troyano Eneas abandonó a la reina Dido, y aunque solo fuera para justificar rivalidades históricas, todo mudó en tragedia. Cuando se reencontraron en el infierno, él quiso justificar los motivos de su marcha, pero ella le dio la espalda sin dirigirle la palabra y  huyó a refugiarse en el umbroso bosque.

Virgilio describe así, de forma particularmente bella, el paso del sentimiento al resentimiento. Una sola sílaba que señala el camino hacia la distancia insalvable.

Ayer, 30 de abril, se cumplieron cuarenta y cinco años de la muerte de la abogada Clara Campoamor. En las redes leí documentación de la hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España a propósito de la intensa actividad de  esta diputada y abogada.

A Clara Campoamor hay que agradecerle su lucha por la instauración, entre otras cosas, del derecho al voto femenino y el divorcio. Pero no solo eso. Al leer la documentación de aquella época, no es difícil intuir el clima de hostilidad e incomprensión de ciertos sectores sociales a los que tuvo que hacer frente. Y eso explica con perspectiva su inmensa aportación.

En su primera intervención parlamentaria, dijo cosas como esta:

Y es insensato querer condenar a la indisolubilidad del vínculo cuando no hay manera de que se soporten dos en la vida, arrastrando uno de los cónyuges, o tal vez los dos, el peso de esa cadena, a la manera como arrastraban antiguamente los presidiarios aquellas bolas de hierro que marcaban la perpetuidad de sus penas”.

La perpetuidad de la pena.

La distancia insalvable.


P.S.:  Hasta el próximo día. Y la foto de hoy, aunque no sea de hoy.
UNA SOLA SÍLABA: LA DISTANCIA INSALVABLE.
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