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30/03/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Cuando empecé a barruntar la idea de hacer un blog tenía claro que quería que fuese de Derecho, pero no sólo de Derecho. Y es que, si algo no comparto, es la opinión de que un blog profesional debe limitarse a ofrecer contenidos profesionales, que en mi caso, por tanto, tendrían que ser solamente jurídicos.

No es que piense así, es que pienso precisamente lo contrario. Creo que en mi profesión tan importante es el conocimiento y el estudio (constante) del Derecho como saber observar el mundo

Así que soy de la opinión de que en la abogacía hay Derecho, claro, pero también debe haber intuición, conocimiento de la vida y del comportamiento humano, y por supuesto mucha psicología. (Espero que no se me enfaden algunos amigos psicólogos. No hay en esto, por supuesto, invasión de competencias).

De ahí el tema de mi post de hoy, para mi blog (no sólo) de Derecho. “Stoner” es buena literatura. Tan es así, que el escritor Vila-Matas calificó la novela de “obra maestra ignorada” como pude leer hace poco en uno de sus artículos–ya de hace unos años- de su columna en el diario  "El País".

“Stoner” no tiene un argumento llamativo, en el sentido de que al personaje  (William Stoner) no le pasa nada extraordinario. Y eso es precisamente lo que convierte en extraordinaria la novela.

Es la historia vital de un profesor de literatura, que inicialmente iba a dedicarse a los estudios de agricultura, que después abandona. En realidad, es la historia de cualquiera: el aprendizaje continuo de las decepciones humanas, el efecto perverso que en una vida pueden tener los manipuladores con los que nos cruzamos en este mundo, o el coste personal presente y futuro de las decisiones pasadas. Y también una punzante lección sobre el final de la vida y la dignidad a la hora de afrontar la muerte.En definitiva, una obra maestra, cuya lectura os recomiendo.

Esa pregunta recurrente de su protagonista al final de la novela y de su vida, “ ¿qué esperabas?”, es un certero e inteligente resumen de los sueños y anhelos vitales del ser humano que, terminan muchas veces, con esa conmovedora certeza al saberse frustrados.

Así que con este post de referencia a la magistral novela de John Willians (que pienso releer por aquel sabio consejo de Benjamin Franklin, lee mucho pero pocos libros) termino por hoy, con una foto tan azul como este lunes, que luce, sí, azul y soleado.

Hasta el próximo día. ( Y por cierto, gracias por leerme. De verdad. Me sorprendéis positivamente). 

"STONER" Y LOS ABOGADOS OBSERVADORES
16/03/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Instrucciones de lectura del post: 

1.- Sustituya el término imputado por investigado, y trague el azucarillo.
2.- Sustituya el término acusado por encausado, y trague otro azucarillo.
3.- Si en realidad, usted piensa que no se trata de que las palabras suenen mejor o peor, sino de lo que significan realmente: por favor, escupa el azucarillo.

Si vas a seguir la instrucción de lectura nº3, entonces perteneces al grupo de los que prefiere llamar a las cosas por su nombre. Claro que puedes ser partidario del camino inverso,  que suele emplear con relativa frecuencia el eufemismo. Eufemismos los hay a montones, más o menos azucarados, más o menos acertados. Yo misma fui alumna de aquella moda educativa, que sustituyó por un tiempo el suspenso por el “necesita mejorar”, y que reunía el aprobado, el bien, el notable y el sobresaliente en el “progresa adecuadamente”. No hubo lección educativa más gráfica del eufemismo y sus aciertos y desaciertos, que aquella palabrería fugaz.

¿ Y esto de la literalidad de las palabras a qué viene? Pues viene a propósito del Proyecto de ley orgánica que modifica la Ley de enjuiciamiento criminal para el fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de investigación tecnológica.

El prelegislador pretende el cambio del término "imputado" por "investigado" y "acusado" por "encausado". Y el cambio terminológico lo justifica señalando que:  “En la actualidad, el término imputado remite a una figura con un señalado carácter negativo, a pesar de que en realidad el proceso aún no se ha dirigido formalmente contra él. La sustitución del término imputado por investigado durante la fase de instrucción y por encausado tras el auto formal de acusación aclarará el momento procesal exacto en el que nos encontramos y permitirá darle a cada uno de ellos el sentido real que tienen”.

Esta abogada bloguera, o sea yo, no acaba de ver que la nueva terminología sea más clara. Entiendo - y por supuesto que comparto también - que el prelegislador quiera que se respete totalmente la presunción de inocencia de todo imputado o acusado,  evitando los indeseables " juicios paralelos". Pero eso es una cosa y otra distinta pretender lograrlo con un mero cambio de terminología.

¿ Cambiará algo por el hecho de que el " imputado" pase a llamarse "investigado"? ¿Cambiará la percepción negativa que pueda tener la sociedad de ello?  ¿La percepción o impresión que se tiene de algo o alguien es una cuestión de terminología?

Si la persona contra quien se dirige la acusación se llama acusado –término actual- , nunca imaginé que llegaría a leer que será más clara y exacta la expresión "encausado".

A los lectores de la instrucción nº3: ¡ por favor, escupan el azucarillo!) .
 
POR FAVOR, ESCUPA EL AZUCARILLO
06/02/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Corría la década de los 80 y también la de los 90,  cuando los universitarios de este país acumulaban para el estudio toneladas no  - pero  kilos sí- de apuntes. Por aquellas fechas, la universidad era (o por lo menos parecía) una burbuja. Estaba al margen del mundo, y creo que del mercado también. Sin embargo, fuera, en la calle, empezaba de forma tímida a despuntar el fenómeno de la “globalización”.

En realidad, a todo el fenómeno globalizador le pusimos nombre después. Es ahora cuando sabemos que se inició en los 80, y tuvieron mucho que ver en ello la implantación y desarrollo de las nuevas tecnologías. La aparición de internet en nuestras vidas, supuso una revolución, y cambió para siempre  el mundo.

Por aquella época el aprendizaje (que parecía únicamente) memorístico, conseguía –o al menos, pretendía- que asimilaras la estructura, el funcionamiento y la finalidad de las instituciones o figuras jurídicas y su integración en un sistema. Al lograr esto, salías al mundo laboral, y aunque no tuvieras la visión práctica de haberte manejado con una sentencia, o haber hecho un alegato en un juicio,  el aprendizaje posterior era coser y cantar. Porque sucedía como a los buenos jugadores de cartas, que habías aprendido a mover las cartas con los ojos cerrados, y eso te permitía aplicar todos tus sentidos a todo lo demás: estrategia, análisis crítico, etc. etc…(Por cierto, ¿no se refieren a esto las teorías modernas de la educación y aprendizaje? )

Por eso es probable que las nuevas tecnologías, Internet, y concretamente el buscador “Google”, hayan puesto un interrogante sobre el valor actual del aprendizaje memorístico. Pero tan cierto es que, el valor del aprendizaje memorístico baja enteros, como que los profesionales jurídicos no han forjado sus conocimientos y habilidades en la mera memoria. Es la historia (mentirosa) del papagayo.

Sólo el buen profesional (con Google o sin él) juega a las cartas con los ojos cerrados, porque las conoce bien y al dedillo. Pero eso lleva toda una vida, y la universidad sólo es el primer paso. El brillante Charles Chaplin lo definió con maestría cuando dijo que todos somos aficionados, porque la vida es corta, y no da para más. Así que, no caigamos en la falsa idea de que con Google y la paciencia de dos tardes, se aprenderá Derecho. Al revés, la creciente complejidad del mundo es probable que traiga más exigencia y especialización a las profesiones jurídicas. 

Para terminar y volviendo al post del otro día, y al anuncio de nuevos planes universitarios, si llegan, que vengan acertados.

Que sirvan para que los futuros profesionales del Derecho aprendan a jugar sus cartas (profesionales) con los ojos cerrados.

Que traigan aulas - reales o virtuales- dinámicas, conectadas con las exigencias del mundo y su evolución. 

Aulas en las que el talento no pase nunca, por ningún motivo, desapercibido
.

Aulas, que sean centro de talento y esfuerzo.

Aulas en las que la menor capacidad económica no sea nunca impedimento para tomar en ellas asiento. 

Hasta el próximo día. ( Y la foto, tan  propia de estos días). 
EL PAPAGAYO JURÍDICO (2ªPARTE)
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