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10/12/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
(“Nunca será una duda la que nos haga enloquecer, sino una certeza, cualquier certeza”.París no se acaba nunca. E.Vila-Matas)

Comentaba anteayer  que pasear por Santiago de C. supone mirar (prácticamente) al cielo. Y que, por eso, al visitar el “Panteón de galegos ilustres”, me resultó un tanto difícil localizar la tumba de Domingo Fontán. Porque, precisamente se trataba de hacer lo contrario, debía mirar al suelo.

Fue la misma tarde en que dudé en cambiar el sentido de mi paseo.

Y es que, como dedico bastante tiempo a la Ley de Derecho civil de Galicia (ley 2/06, de 14 de Junio), pensaba que no quedaría del todo mal como foto de alguno de mis posts, la sede del Parlamento de Galicia.  Pero al final, opté por visitar el Panteón. Otro día explicaré el porqué.

Aquella tarde, también, ya tenía claro que escribiría unas cuantas entradas en el blog sobre los aciertos, y algún que otro desacierto,  de esta Ley.

Quizá entre las materias más espinosas que regula la Ley autonómica, está la relativa a las parejas de hecho -inscritas en el Registro de Parejas de Hecho de Galicia-, y que el legislador autonómico regula en la ya retocada Disposición adicional tercera de la Ley. Ocurre que, por efecto de esta disposición, a las parejas de hecho inscritas se les aplicaría -según la doctrina mayoritaria-, en defecto de pacto, el de la sociedad de gananciales.

Se produciría así, la paradoja de que, quienes en ejercicio de su libertad personal (art.10.1 Constitución) no quisieron casarse, terminan en una situación (económicamente, al menos) muy similar a quienes sí son matrimonio.

Esta paradoja, podría ser mucho más que un desacierto del legislador autonómico.  Porque es dudoso que la regulación legal en este punto de la norma gallega sea constitucional, aunque por el momento, el Tribunal Constitucional no ha tenido ocasión de pronunciarse sobre ello. Esto es así, porque las cuestiones planteadas al respecto, fueron inadmitidas por inadecuada formulación de los juicios de aplicabilidad y relevancia, lo que nos impide tener por el momento una sentencia sobre el fondo, que despeje definitivamente las dudas sobre la constitucionalidad de la disposición.

Por eso, en próximos posts  seguiremos tratando algunas cuestiones relativas a la Disposición adicional tercera de la Ley de derecho civil de Galicia,  que en el primero de sus tres apartados señala:  “A los efectos de la aplicación de la presente Ley, se equiparan al matrimonio las relaciones maritales mantenidas con intención o vocación de permanencia, con lo que se extienden a los miembros de la pareja los derechos y las obligaciones que la presente ley reconoce a los cónyuges”. 

Hasta el próximo día.

(Y la foto de hoy, la iluminación propia de la época del año.  Aunque dudo que sea lo mejor que puedas ver, si paseas mirando al cielo en Santiago).







LA ESPINOSA D.AD.3ª DE LA LEY 2/06 DE DERECHO CIVIL DE GALICIA Y PASEAR MIRANDO AL CIELO.-
01/12/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
"Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo, ¿ hace ruido el árbol?" (Berkeley)

No es mi cita filosófica favorita, porque por el momento no encontré ninguna que explique con más agudeza, y de forma más sencilla, el funcionamiento del mundo, - y también muchas de sus injusticias y desigualdades- que, la de Ortega y Gasset: "Yo soy yo y mi(s) circunstancia (s)"


De todos modos, ahora que todo parece reducirse a aprender idiomas y  "cosas que sirvan" (que desde luego está muy bien aprenderlas) reconozco que cada vez presto más atención a "las cosas que -dicen que- no sirven para nada" (que también creo que están muy bien aprenderlas, aunque al pensarlo esté en minoría).

Será que ser abogada y observadora suelen ir unidos (y yo soy yo y mis circunstancias); pero creo que el árbol de Berkeley indudablemente está de máxima actualidad. Porque en este mundo que vivimos,  si no te oyen, si no te ven, definitivamente no existes.

Es fácil advertir que si no hay cerca un medio de comunicación que cuente tus venturas y desventuras, eres como el árbol de Berkeley, que cae en el bosque, pero no hace ruido. Porque ya se sabe que, el ruido sólo cuenta... si hay alguien que lo escuche.

Termino el post, recordando que en la sección de notas en el portal de la web, ya he colgado las prometidas en relación con el  derecho de transmisión a propósito de la sentencia del Pleno del Tribunal Supremo (Sala de lo Civil) de 11 de septiembre de 2013. Espero que puedan ser útiles a alguien.

( Y la foto de hoy, una vista parcial de un manzano. Porque hoy va de árboles el post, y porque después de todo, parece que todos nuestros problemas empezaron por una manzana).

Hasta el próximo día.








EL ÁRBOL DE BERKELEY
21/11/2014
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Si has leído alguna que otra entrada de este blog, verás que me interesa especialmente la sobreinformación, que de algún modo se está convirtiendo, en una forma perversa de ignorancia. Nunca tuvimos tantas noticias e información a nuestro alcance, y nunca –probablemente- hayamos sido comparativamente tan ignorantes (por la imposibilidad humana de abarcar tal cantidad de conocimientos).

En materia jurídica ocurre algo parecido. Nunca se sucedieron con tanta rapidez los cambios legislativos y jurisprudenciales, y hay que agudizar la atención y aprovechar al máximo el tiempo, para estar al tanto.

Precisamente en 2014, empezamos a ver los efectos prácticos del giro “copernicano” que el Tribunal Supremo dio a propósito de la sentencia de 11 de septiembre de 2013, en relación con la naturaleza y alcance del derecho de transmisión en materia hereditaria. (Art.1.006 Código civil: “Por muerte del heredero sin aceptar ni repudiar la herencia pasará a los suyos el mismo derecho que él tenía”)

En un ejemplo sencillo y muy básico, diremos que el derecho de transmisión está presente, por ejemplo, en situaciones  en las que se  procede a la partición hereditaria de un causante, a la que concurren  sus herederos (en nuestro ejemplo, sus hijos), pero también alguno de sus nietos –porque imaginemos que uno de los  hijos ya haya fallecido con posterioridad al causante, pero antes de aceptar la herencia de éste y partir-.

Hasta la sentencia del Pleno del Tribunal Supremo, se entendía que cuando operaba el derecho de transmisión (siguiendo con nuestro ejemplo) los nietos no sucedían directamente en la herencia de su abuelo. La sentencia del T.S., sin embargo, cambia el criterio respecto del derecho de transmisión, y entiende que se produce la sucesión directa del transmisario en la herencia del causante, en caso de que acepten su herencia.

Esto determina efectos prácticos muy importantes como que, en nuestro ejemplo, ya no es necesaria la firma del cónyuge supérstite del hijo fallecido para realizar la partición del abuelo; también debiera producir efectos favorables en materia fiscal cuando el transmisario –en nuestro ejemplo el nieto- parta la herencia del causante –en nuestro caso, su abuelo- y dicha herencia ya hubiera prescrito, aunque no hubiera prescrito aún la del transmitente (aunque conviene ser prudentes, porque de momento es pronto para saber cuál será el criterio de los tribunales al respecto); y desde luego, tendrá consecuencias procesales en materia de legitimación para el juicio de división de herencia.  Todo esto lo analizaré de forma más técnica en una nota que espero publicar en el portal de mi web, la semana que viene. Estoy segura de que podrá ser de utilidad porque el derecho de transmisión opera con mucha frecuencia.

Para terminar, y ya que va de Copérnico el post, se le atribuye una reflexión que demuestra su agudeza y superior inteligencia:

Saber que sabemos lo que sabemos y saber que no sabemos lo que no sabemos, ése es el verdadero conocimiento”.

Hasta el próximo día. ( Y la foto de hoy, como podréis imaginar, la elegí para darle un poco de color al post).




EL GIRO COPERNICANO DEL DERECHO DE TRANSMISIÓN EN LA HERENCIA
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