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16/03/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Instrucciones de lectura del post: 

1.- Sustituya el término imputado por investigado, y trague el azucarillo.
2.- Sustituya el término acusado por encausado, y trague otro azucarillo.
3.- Si en realidad, usted piensa que no se trata de que las palabras suenen mejor o peor, sino de lo que significan realmente: por favor, escupa el azucarillo.

Si vas a seguir la instrucción de lectura nº3, entonces perteneces al grupo de los que prefiere llamar a las cosas por su nombre. Claro que puedes ser partidario del camino inverso,  que suele emplear con relativa frecuencia el eufemismo. Eufemismos los hay a montones, más o menos azucarados, más o menos acertados. Yo misma fui alumna de aquella moda educativa, que sustituyó por un tiempo el suspenso por el “necesita mejorar”, y que reunía el aprobado, el bien, el notable y el sobresaliente en el “progresa adecuadamente”. No hubo lección educativa más gráfica del eufemismo y sus aciertos y desaciertos, que aquella palabrería fugaz.

¿ Y esto de la literalidad de las palabras a qué viene? Pues viene a propósito del Proyecto de ley orgánica que modifica la Ley de enjuiciamiento criminal para el fortalecimiento de las garantías procesales y la regulación de las medidas de investigación tecnológica.

El prelegislador pretende el cambio del término "imputado" por "investigado" y "acusado" por "encausado". Y el cambio terminológico lo justifica señalando que:  “En la actualidad, el término imputado remite a una figura con un señalado carácter negativo, a pesar de que en realidad el proceso aún no se ha dirigido formalmente contra él. La sustitución del término imputado por investigado durante la fase de instrucción y por encausado tras el auto formal de acusación aclarará el momento procesal exacto en el que nos encontramos y permitirá darle a cada uno de ellos el sentido real que tienen”.

Esta abogada bloguera, o sea yo, no acaba de ver que la nueva terminología sea más clara. Entiendo - y por supuesto que comparto también - que el prelegislador quiera que se respete totalmente la presunción de inocencia de todo imputado o acusado,  evitando los indeseables " juicios paralelos". Pero eso es una cosa y otra distinta pretender lograrlo con un mero cambio de terminología.

¿ Cambiará algo por el hecho de que el " imputado" pase a llamarse "investigado"? ¿Cambiará la percepción negativa que pueda tener la sociedad de ello?  ¿La percepción o impresión que se tiene de algo o alguien es una cuestión de terminología?

Si la persona contra quien se dirige la acusación se llama acusado –término actual- , nunca imaginé que llegaría a leer que será más clara y exacta la expresión "encausado".

A los lectores de la instrucción nº3: ¡ por favor, escupan el azucarillo!) .
 
POR FAVOR, ESCUPA EL AZUCARILLO
06/02/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Corría la década de los 80 y también la de los 90,  cuando los universitarios de este país acumulaban para el estudio toneladas no  - pero  kilos sí- de apuntes. Por aquellas fechas, la universidad era (o por lo menos parecía) una burbuja. Estaba al margen del mundo, y creo que del mercado también. Sin embargo, fuera, en la calle, empezaba de forma tímida a despuntar el fenómeno de la “globalización”.

En realidad, a todo el fenómeno globalizador le pusimos nombre después. Es ahora cuando sabemos que se inició en los 80, y tuvieron mucho que ver en ello la implantación y desarrollo de las nuevas tecnologías. La aparición de internet en nuestras vidas, supuso una revolución, y cambió para siempre  el mundo.

Por aquella época el aprendizaje (que parecía únicamente) memorístico, conseguía –o al menos, pretendía- que asimilaras la estructura, el funcionamiento y la finalidad de las instituciones o figuras jurídicas y su integración en un sistema. Al lograr esto, salías al mundo laboral, y aunque no tuvieras la visión práctica de haberte manejado con una sentencia, o haber hecho un alegato en un juicio,  el aprendizaje posterior era coser y cantar. Porque sucedía como a los buenos jugadores de cartas, que habías aprendido a mover las cartas con los ojos cerrados, y eso te permitía aplicar todos tus sentidos a todo lo demás: estrategia, análisis crítico, etc. etc…(Por cierto, ¿no se refieren a esto las teorías modernas de la educación y aprendizaje? )

Por eso es probable que las nuevas tecnologías, Internet, y concretamente el buscador “Google”, hayan puesto un interrogante sobre el valor actual del aprendizaje memorístico. Pero tan cierto es que, el valor del aprendizaje memorístico baja enteros, como que los profesionales jurídicos no han forjado sus conocimientos y habilidades en la mera memoria. Es la historia (mentirosa) del papagayo.

Sólo el buen profesional (con Google o sin él) juega a las cartas con los ojos cerrados, porque las conoce bien y al dedillo. Pero eso lleva toda una vida, y la universidad sólo es el primer paso. El brillante Charles Chaplin lo definió con maestría cuando dijo que todos somos aficionados, porque la vida es corta, y no da para más. Así que, no caigamos en la falsa idea de que con Google y la paciencia de dos tardes, se aprenderá Derecho. Al revés, la creciente complejidad del mundo es probable que traiga más exigencia y especialización a las profesiones jurídicas. 

Para terminar y volviendo al post del otro día, y al anuncio de nuevos planes universitarios, si llegan, que vengan acertados.

Que sirvan para que los futuros profesionales del Derecho aprendan a jugar sus cartas (profesionales) con los ojos cerrados.

Que traigan aulas - reales o virtuales- dinámicas, conectadas con las exigencias del mundo y su evolución. 

Aulas en las que el talento no pase nunca, por ningún motivo, desapercibido
.

Aulas, que sean centro de talento y esfuerzo.

Aulas en las que la menor capacidad económica no sea nunca impedimento para tomar en ellas asiento. 

Hasta el próximo día. ( Y la foto, tan  propia de estos días). 
EL PAPAGAYO JURÍDICO (2ªPARTE)
02/02/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO

“Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más”. (Charles Chaplin).

Como puede deducirse del título, ésta es la historia de un papagayo jurídico. Aunque, en realidad, es la historia de un tópico, y como ocurre con todos los tópicos, es mentiroso. Así que, ésta es la historia mentirosa del papagayo jurídico. 

El viernes, por azares tecnológicos, di con un enlace a una charla de abogados, donde un (mediático) abogado anunciaba que nos había salido un competidor. Se refería a google.  Y el sábado leía en “La Voz de Galicia”, el rechazo de la comunidad universitaria, a las carreras que pasarán a ser de 3 años (con la posibilidad de cursar un máster durante dos años más). Y eso incluye Derecho.

Puede ser que la culpa de buena parte de este lío en el mundo del Derecho la tenga “ Google”. Pero en realidad, todo empezó con una mentira, y muchos años antes de que existiera Google. Empezó el día que, se instaló la creencia de que la historia vital de un alumno de Derecho y posterior profesional del gremio, era la historia de un papagayo. Con eso de que, el conocimiento memorístico era la base del aprendizaje, en las facultades primero,  y curiosamente también, en las oposiciones que conforman la élite jurídica, todo el mundo acabó viéndonos como papagayos jurídicos: meros conocedores y algunos hasta recitadores, de códigos y artículos. Y eso de que éramos o somos, papagayos jurídicos, era y es, una soberana mentira.

La mentira es tan simplona como suponer que - sabiendo en qué artículos del Código civil o de la ley de derecho civil de Galicia se regula la servidumbre de paso o el testamento - sabremos dar solución a todos los problemas que en la vida real pueda dar la servidumbre o el testamento en cuestión.  El error es  pensar que, saber derecho,  es saber únicamente qué dice el artículo de una ley. 

Así que, si algún papagayo jurídico hay, que parlotee los artículos de los códigos y leyes civiles desde Napoleón hasta hoy, ese papagayo acaba de nacer, y es Google. Que podrá llevarte al Código civil en un clic, y en otro clic, a los artículos del testamento. Pero que no puede hacer más, aunque tú y tu problema necesitéis mucho más.  Porque sabe (cual papagayo) las leyes, pero no sabe Derecho. Que no son lo mismo, aunque pueda sonar parecido.  Pídele a Google la solución a “tu” problema. Que te enseñe Google cuál es la mejor estrategia a seguir en “tu” divorcio. Que te diga Google qué testamento y qué cláusulas testamentarias responden mejor a “tus” necesidades personales y patrimoniales. Que Google te dirá los artículos de las leyes cual papagayo. Sólo eso.

Pero volvamos al principio de nuestra historia: a la universidad, y busquemos allí también las huellas de la historia (mentirosa) del papagayo. Aunque eso será en la segunda parte del post, donde podrás enterarte de qué pinta en todo esto la cita de Charles Chaplin.

Hasta el próximo día.  ( Y la foto de hoy, flores. Un poco de color para salvarnos de tanto gris).


EL PAPAGAYO JURÍDICO (1ªPARTE)
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