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07/01/2016
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Si hubiera que enumerar los tropiezos en función de su gravedad y consecuencias, supongo que habría que empezar por los tropiezos vitales, continuar con los tropiezos en sentido literal, para luego terminar por los tropiezos en sentido digital. Sin reparar en el dolor que suelen causar -primordialmente los primeros- todos ellos suelen resumirse en la certeza invariable de que, el ser humano es patoso.

Patoso insistente. Porque desde luego estoy con quienes afirman que, tropezar tantas veces con las mismas piedras, da que pensar.

El post de hoy va de un tropiezo digital. Porque me sucedió estos días que, estaba contenta (suena un tanto mal decirlo, pero en mi descargo recuérdese el título del post) con los centenares de visitas que había tenido mi post navideño y las muchas veces que había sido compartido en Facebook.

Pero como la alegría no suele ser un estado permanente, porque si lo es se vuelve sospechosa, el encantamiento me duró lo justo. Y como también soy, a veces, una ignorante digital - que para algo tengo los años que tengo y más de media vida me la pasé viviendo en un mundo sin internet- aprendí tropezando que la URL de una página no siempre se escribe igual en un ordenador y en una tableta. Y perdí el post originario.  Y aunque ahora -de nuevo- esté ahí, y parezca exactamente el mismo, no lo es. Es el mismo texto, la misma foto, pero no es el mismo enlace.

En realidad, da la triste sensación de que es el post menos compartido de mi blog. O sea, una demostración –otra más de tantas- de que en esta vida (casi) nada es lo que parece.

Si a eso le añadimos que desde el 1 de enero es obligatoria la presentación de demandas y todo tipo de escritos procesales vía telemática (Lexnet), no tengo ya la más mínima duda de que este año 2016 será un año de novedades digitales.

De mi post navideño y sus incidencias me olvidé a los pocos minutos, contemplando uno de mis cuadros favoritos: La Virgen con el Niño dormido, de Mantegna. Si alguno de vosotros no conoce esta pintura, le sugiero que la busque en Google. 

Creo que ese cuadro es la demostración de que en la delicadeza  –tan poco frecuente, por cierto- hay siempre belleza.


Hasta el próximo día.

P.S: Y la foto de hoy, que no es de hoy.  Todo lo que pude traerme con la cámara del teléfono de ese paraíso de playa que es Llas, en pleno atardecer de lluvia y viento.

HISTORIA DE UN TROPIEZO
21/12/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Se cambian adornos y ruido de navidad (porque eso no es Navidad), por sueños.

Si aceptas el canje, pregunta aquí. En Mondoñedo. 

En esta pequeña ciudad. Silenciosa, un tanto enigmática, abrumadoramente culta. Distinta.

Donde es posible todo lo imposible.

Donde habita el universo literario de la más absoluta genialidad. Universo que  ha transformado y empequeñecido, para siempre, el universo de la realidad.

Y está aquí. Para siempre. En Mondoñedo.

Donde un mago puede cambiar el color del mundo.  Donde las sombras sanan los cuerpos enfermos. Donde los caballos trotan y… hablan.

Hablan y cuentan que aquí… aún es posible todo lo imposible.

Aunque el encanto de la magia dure sólo un rato. Y pasado el rato, debamos conformarnos con la fastidiosa lucidez.

Porque somos observadores realistas. Agudos. Pero, a fin de cuentas, soñadores encantados también.

Soñadores sumergidos en el encanto de esta ciudad. Que sabemos que no puede perderse. Que no puede olvidarse. Que debe conocerse. Más. Aún. 

Por eso estos días,  en esta ciudad pequeña, silenciosa, un tanto enigmática, abrumadoramente culta - en definitiva, distinta- cambiamos los adornos y el ruido de navidad.


Y los cambiamos por sueños.




                                                            ¡Feliz Navidad! a todos los lectores del blog.


P.S.: La foto de hoy (de X.M.Palacios Muruais), es una vista parcial de la catedral de Mondoñedo. La catedral es la responsable de que los mindonienses miremos al cielo. Y este año, como ya sabréis, fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Hasta el próximo día.



SE CAMBIAN ADORNOS Y RUIDO DE NAVIDAD, POR SUEÑOS.-
22/09/2015
BLOG (NO SÓLO) DE DERECHO
Contar con una Ley de Jurisdicción Voluntaria estaba entre las asignaturas pendientes de esta legislatura  - y de algunas de las anteriores-  ya que la regulación que teníamos en materia de jurisdicción voluntaria se contenía en la antigua Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881. Y no es por menospreciar -ni con mucho- al legislador del siglo XIX, de bastante más finura jurídica (por cierto) que el legislador contemporáneo. Pero eso no quita que la regulación fuera propia de una época en la que las mujeres vestíamos corsé, y el medio más usual para moverse fuera el carro tirado por un caballo. Eso suponiendo que hubiera para (comprar) el corsé, el carro y el caballo.

Y con esa  visión decimonónica del mundo, que traslucía en ciertas cosas de la ley, había que presentarse en el juzgado en pleno 2015, lo que planteaba algunas contradicciones e incoherencias con el mundo actual que iré apuntando en el blog.

Que el Derecho suele ir por detrás de los avances sociales es tan sabido, que escribirlo es una obviedad. Y que, el legislador en este nuestro país, también suele ser un tanto lento en las respuestas (al menos, en algunas) también es otra obviedad. El caso es que en el año 2000 cuando se publicó la nueva Ley de Enjuiciamiento Civil (B.O.E. de 7 de enero), el legislador nos regaló una vacatio legis de 1 año antes de la entrada en vigor de la ley. Vacatio que buena falta nos hizo a los profesionales para meternos en harina, porque era toda una ley de procedimiento, y habíamos estudiado en las universidades la de 1881.

Y se dejó como asignatura pendiente, una ley de jurisdicción voluntaria.

Reconozco que, más de una vez, miré de esguello (de reojo), y con una leve sonrisa, la Disposición Final Décimoctava de la Ley de Enjuiciamiento civil. Me encontraba la Disposición de cuando en vez, que es lo que pasa por mera estadística de uso, o por aquello de que el diablo se esconde en los detalles. La Disposición dice: “En el plazo de un año desde la entrada en vigor de esta Ley, el Gobierno remitirá a las Cortes un Proyecto de Ley sobre Jurisdicción Voluntaria”.

Teniendo en cuenta que la Ley de Jurisdicción Voluntaria (Ley 15/2015) ha entrado en vigor -con ciertas excepciones que señala su Disposición Final vigésima primera- a los 20 días de su publicación oficial en el B.O.E. ( B.O.E. de 3 de julio de 2015), da idea de que el legislador de 2000 fue exageradamente optimista en sus pronósticos.

Ahora que tenemos Ley de Jurisdicción Voluntaria, creo que ya va siendo hora de que renueve la sección de notas de mi web, y que esta semana empiece la serie con una sobre algunas reformas que afectan a ciertas cuestiones con trascendencia jurídica relativas a las personas con capacidad modificada judicialmente. Lo que, de paso, supondrá que cumpliré lo prometido en mi anterior post. Y ahora podría disculparme por el retraso en publicar, diciendo que estoy haciendo no sé qué, y es verdad. Pero no voy a decir nada, por dos cosas:

Primero, porque cuando una trabaja y el poco tiempo que le queda lo dedica a estudiar algunas cosas, pasa como con los artistas, no cuenta los proyectos hasta que están finalizados. Y segundo, y lo más importante, porque si una se retrasa, se deja de autoindulgencias, y asume y reconoce que se retrasa. Punto. El resto es poesía ( es un decir, claro) y no lleva a nada (bueno).

P.S.: La foto la saqué una tarde de playa. Y ahora tendría que decir algo también del cielo azul, pero con los años llegan las arrugas. Y arrugarse significa romperse, lo que supone también, entre otras cosas, que aprendes que no es conveniente que en los posts - como tampoco en la literatura-  haya demasiado azul. Pero ya que el día se presenta gris… 

Hasta el próximo día.











NUEVA LEY DE JURISDICCIÓN VOLUNTARIA. (EL MUNDO VISTO DESDE UN CARRO, CUANDO LAS MUJERES VESTÍAMOS CORSÉ).-
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