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22/12/2016
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO
Imaginemos.

En el interior de una oficina-escondrijo, a la que nadie prestaría atención por fea y destartalada, se gestiona la magia de la auténtica Navidad.

Allí llegan las tarjetas más curiosas. Tras pasar una dura selección, se atiende un número muy limitado de peticiones. 

Algunas de las seleccionadas son postales en blanco. Sus remitentes no escriben nada. No piden nada. Ceden sus deseos a los demás.

En otras, se limitan a escribir en unas escuetas líneas: “ No necesito nada por ahora.  Si acaso, algo de la magia que gestionan ustedes desde ahí. El resto no me interesa”.

Y los que se explayan un poco más, cuentan cosas como esta:  “ Me dirijo a los encargados de la oficina-escondrijo de Navidad, que yo sé que existe aunque no pueda verla. En realidad, no les escribo para pedirles más luces, ni más adornos. Tampoco más frases hechas, y un tanto azucaradas, propias de esta época del año. Todo está suficientemente adornado. Y en cuanto al azúcar, es suficiente con el de los postres, que tienen bastante, por cierto. Lo que me gustaría es, algún remedio para ese desencanto que nos invade a partir del 7 de enero. Cuando las luces se apagan. Y pienso ¿todo esto era la auténtica Navidad?”. 

La oficina les contesta. Siempre. Con un breve y optimista mensaje:

“ Los responsables de esta oficina-escondrijo, aparentemente destartalada y fea, escondida entre las estrellas, hemos sentido una inmensa alegría al recibir su tarjeta. Por supuesto, le enviamos la magia”.


Desde Mondoñedo, ¡Feliz Navidad! a todos los lectores del blog.



P.S.: Y la foto de hoy, la playa de Llas (Foz) en diciembre.


FELIZ NAVIDAD
22/09/2016
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO
                                                                         

                      “… Nos cansamos de oír mentir a la gente, y tras un cierto tiempo, morimos…”

                (Fragmento del alegato final en juicio del abogado Frank Galvin. Película “Veredicto Final”.)




Imaginemos.

Se llama Catalina. Es abogada. Y detesta cualquier abreviatura de su nombre.

Sobre la mesa de su despacho reposan, con aparente desorden, varias leyes.

Escucha con atención a su cliente. Comentan la posibilidad de proponer la declaración de varios testigos en juicio.

Entre las páginas de un ejemplar de la "Ley de enjuiciamiento civil",  en la sección dedicada al interrogatorio de testigos, varias notas escritas. A lápiz.

Notas escritas por ella para no olvidar. Que la vida siempre va varios pasos por delante del Derecho

Una frase del "Libro del desasosiego" de Pessoa escrita en un pequeño espacio en blanco, entre dos artículos de la ley. “Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos”.

El punto de vista. Su importancia en la percepción de la realidad.

También la famosa frase de la película “Veredicto Final”. Esa lección magistral del cine sobre la prueba testifical. La regla no escrita, y básica de todo interrogatorio. “No hagas una pregunta sin conocer la respuesta”.

Paul Newman en el papel protagonista de abogado. Alcohólico. Perdedor. Idealista. (“¡Vamos Frank, despierta!”).

Mirada de cine que rebota constantemente en la pantalla. Mirada fastidiosa. Sí. Que hace perder, en algún momento, el hilo de la historia. Distrae.

La abogada escucha a su cliente con atención. Le hace preguntas.

Finalizada la conversación, ya ha decidido qué pruebas llevará a juicio.

Sobre su mesa, varias leyes. En casi todas, notas escritas a lápiz.

Son notas sobre la vida.

Notas escritas. Para no olvidar.



P.S.: El interrogatorio de testigos se regula en los artículos 360 a 381 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

UNA MIRADA DE CINE
14/09/2016
BLOG (NO SOLO) DE DERECHO


Imaginemos. Es media mañana.

El sol de septiembre inunda de luz natural el aula. Alumnos de tercer curso, observan al nuevo profesor. Escribe en el encerado. 

Con letras puntiagudas y grandes. Un mensaje visible y legible.  Incluso para los alumnos condenados a sentarse en las últimas filas.

“ Claridad de pensamiento y simplicidad en el lenguaje”.

Y empieza la clase de Derecho. El profesor habla. Los alumnos un tanto perplejos por el mensaje del encerado, escuchan. Esperaban otra cosa.

“Se escribe… y se habla también… como se piensa. ¿Saben eso? (Silencio.Miradas esquivas).

Pero sabrán que Leonardo, sí me refiero a Leonardo da Vinci, - … sí ya sé que no fue jurista, fue un genio… - nos enseñó entre otras muchas cosas, que la simplicidad es la máxima sofisticación. (Silencio. Algunas miradas se centran en el profesor).

Por tanto, que nadie piense que la simplicidad en el lenguaje responde a un pensamiento simple por simplón. Al revés. (Silencio absoluto).

Quien logra la excelencia en el conocimiento de una ciencia - y el Derecho lo es - razona, analiza, interrelaciona, desecha, suprime, incorpora. Piensa. Y porque piensa con claridad, concluye y escribe. De forma certera, escueta, con precisión. 

Sin grandilocuencia, sin refinamiento estilístico. Sin margen para la vaguedad, la confusión, o la ambigüedad.

Es lo más difícil. La máxima sofisticación. (Silencio absoluto. Todas las miradas están fijas en el profesor).

Un lenguaje cuidado en la forma y en el fondo. El lenguaje que debe habitar en leyes, sentencias, y textos jurídicos.

Las leyes, sentencias, y textos jurídicos, que escribirán ustedes. Al salir. Por esa puerta. Para siempre”.


A continuación el profesor enumera los manuales recomendados para el estudio de su asignatura.  Un número indefinido de alumnos intenta recordar quién había sido da Vinci. Todos, sin excepción alguna, sorprendidos por la presentación, teclean apresuradamente en sus tabletas y portátiles.

Cada día, al empezar la clase, durante todo el curso, el profesor escribirá en el encerado. Con letras puntiagudas y grandes. Un mensaje visible y legible.

"Claridad de pensamiento y simplicidad en el lenguaje".

Hasta el próximo día.


(NOTA: En el Convenio de Colaboración suscrito entre el Consejo General del Poder Judicial y la Real Academia Española, de 26 de noviembre de 2014, -que mencioné en la entrada anterior- el Consejo General del Poder Judicial cita expresamente “la preocupación por la calidad del  lenguaje que utilizan los legisladores”, y añade además, su pretensión de que “el lenguaje de las leyes sea claro y sus mandatos ejecutables reduciendo las dudas interpretativas al máximo. Reconoce además que durante tiempo se descuidó o desatendió el lenguaje jurisprudencial, al señalar: “Sin embargo, el lenguaje de la jurisprudencia, que también es decisivo para la claridad e interpretación del Derecho, ha sido objeto tradicionalmente de menor atención").




 
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